El próximo martes 4 de noviembre, se realizará las elección más trascendental del último tiempo: la que definirá al nuevo presidente en Estados Unidos. Lo interesante, es la aparente gran diferencia política e ideológica que manifiestan los candidatos John McCain y Barack Obama; mientras el republicano tiene un marcado tez conservacionista, que lo haría seguir los preceptos de George Bush, el demócrata rige su actuar en tendencias liberales y cambios al sistema norteamericano. Cabe preguntarse a quien eligirán para comandar al supuesto estado más poderoso del mundo y que consecuencias provocará tal decisión tanto para ellos como para el resto de los países.
De una votación que está elaborada sólo para privilegiar a los dos principales partidos políticos, dejando fuera todo intento independiente o de movimientos minoritarios y que tiene como una de sus características el sufragio electrónico, es iluso pensar en una efectiva democracia representativa o en el gobierno de los delegados populares. Sin embargo, la realidad dicta que en la nación norteamericana Obama o McCain será quien rija el destino de la que fue la mayor economía mundial durante las últimas décadas y por lo tanto, no queda más que analizar cual será la mejor (o menos aciaga) decisión.
Nacido en Panamá, soldado durante la Guerra de Vietnam y capturado como prisionero por más de 5 años, John Sidney McCain (72), ha sido senador por Arizona durante cuatro períodos consecutivos. Barack Hussein Obama por su parte, originario de Hawaii y abogado, se convirtió en senador por Illinois recién en 2004, a la edad de 43. Si bien estas son grandes diferencias, el mayor contraste entre ambos se percibe tras estudiar sus planes de gobierno o las declaraciones que han efectuado. El septuagenario lider republicano asegura que la invasión a Irak debe mantenerse, apoyando incluso con más dinero y recursos militares a los miles de reclutas ya establecidos en el Medio Oriente. Según el mismo ha señalado, ¨el siguiente presidente debe asumir el cargo con una visión clara del papel de nuestra nación en el mundo como defensor de los oprimidos y una fuerza por la paz¨ (sic). En la otra vereda, el primer candidato oficial de origen afroamericano, se opuso desde el principio a dicho conflicto y ha asegurado de tener la potestad, retirará a todas las fuerzas en un plazo de 16 meses. De la misma forma, afirma que la Guerra Fría terminó por el consenso de los países, no obstante su contrincante avala la teoría de que el término del conflicto fue gracias al liderazgo estadounidense.
Pero así como retóricamente parecen tener pensamientos disímiles, los hechos indican más semejanzas que desaveniencias; 3 millones de dólares, es la cifra que ambos postulantes han gastado diariamente en términos de propaganda durante la campaña. Si bien todo lo utilizado proviene en general de donaciones, estas crean deudas que con el aspirante ya en el poder, se transforman en ¨intereses¨, los cuales son cancelados de misteriosas maneras. Y esto sin contar compromisos políticos, o concesiones religiosas y/o financieras que también se deben ¨saldar¨. Junto a lo anterior, tanto el postulante demócrata como el republicano votaron a favor del muro en la frontera con México y abogan por más barreras virtuales que refuerzen la seguridad, en el llamado ¨país de las oportunidades¨. Además, ambos se han manifestado a favor de la pena de muerte, la que ha sido abolida en la mayoría de los países. Del mismo modo, los dos han sostenido que se debe prohibir a Irán la posesión de armas nucleares y a la vez ayudar militarmente a Israel, sobretodo en el campo de los misiles defensivos.
De esta forma, independiente de quien gane los comicios en noviembre, no se ven luces de esperanza para un verdadero cambio en el gobierno de Estados Unidos. El legado que deja la administración de Bush (cientos de miles de muertos en Irak y Afganistán, gastos siderales en propaganda y armamentos bélicos y una crisis financiera que parece empeorar, entre otros), dificílmente se podrá remendar y para el país que durante decenios dominó militar, social y económicamente se espera no sólo la depresión, sino la ruina de su sistema capitalista. De más está decir que antes de que esto llegue a suceder, preocupa la utilización de la ¨energía atómica¨, recurso último y fatal que podría salvar a dicha nación de la catástrofe, pero devastaría al mundo para siempre.

