Por Nayo, Chile.
La crisis financiera yankee es la consecuencia de una administración ineficiente y codiciosa. La potencia económica más importante se está desplomando y no sólo por algunos créditos mal otorgados. Como vivimos en un sistema globalizado, cíclico y oscilante, nos pasará la cuenta a todos. Globalización que ha incrementado en cien millones de personas la pobreza en las últimas décadas del siglo XX. Dice Muhammad Yunus, “Los niños de las próximas generaciones irán a ver la pobreza a los museos”.
Hace trece meses que se está viviendo el aprieto financiero más grande desde la Gran Depresión del ’29. Endógena para Chile, que fue el país más afectado por la misma y que todavía sigue tratando con los que dejaron el país en la miseria.
Nace con los créditos hipotecarios llamados “subprime mortgages”. Son créditos de alto riesgo con una probabilidad de pago menor, donde sus requisitos para obtenerlos son menos rigurosos y sus tasas de interés son variables. Fue el boom en Estados Unidos a partir del 2001, un país remecido por los atentados terroristas que bajó la tasa de interés de 6,5% a 1% con el objetivo de facilitar créditos y reactivar la economía. El banco llenaba las manos con cash sin importar el prontuario crediticio, para que todos compraran sus casas. Por la alta demanda, el precio de las viviendas subió y algunos realizaban la dinámica de comprar una casa -seguía subiendo el precio-, la vendía -con eso pagaba la deuda- y se endeudaba de nuevo -segunda hipoteca- y así. Negocio llamado “burbuja inmobiliaria”, que erigió muchos nuevos ricos.
Pero colorín colorado…desaceleró el ritmo de crecimiento del precio de las casas y la Reserva Federal comenzó a subir la tasa de interés. Ahora el valor de la deuda superaba la del activo (titularización hipotecaria), llevando a que entre el 2005 y el ’07 los morosos pasaran de 6% a niveles superiores a 12%, por la imposibilidad de pagar las cuotas. El 2006 dejó más de cincuenta entidades financieras en bancarrota y un millón 200 mil embargos en la tierra de los sueños.
Hay que agregar que los bancos transformaron haberes no transables como las hipotecas, en transables, ocupándolos “Para asegurar títulos de deuda que traspasaron a terceros, quienes a su vez los utilizaron como garantías a otras emisiones de bonos”, dice Iván Auger de El Clarín Chile. Ganancias inmediatas, sin esperar plazo de vencimiento de las hipotecas, entregando el riesgo a terceros. O sea, una bolsa de nylon al viento. Estas son las inasibles armas de destrucción masiva.
Estados Unidos es la potencia económica más fuerte del orbe. Entonces cuando el papá no tiene dinero, los niños no comen. Efecto dominó. Y los US$700.000 millones que quiere poner el gobierno para salvar sus instituciones no ordena un ápice lo que está detrás del telón.
En el 2003, el Buró Presupuestario del Congreso realizó una evaluación de la deuda externa de su país. Tenían en esa fecha US$6 billones y medio de deuda y el informe señaló que en diez años alcanzaría los US$14 billones. Actualmente deben US$12 billones y faltan cinco años para la fecha fijada por el documento. Y más aún, en cincuenta años la potencial morosidad gringa llegaría a $44 billones de dólares. Estado fundido.
En el salón Oval de la Casablanca tienen ciertamente algunas estrategias para paliar su decadencia: subir los impuestos, imprimir más dólares, privatización de bienes nacionales. Ninguna factible internamente. La cuarta es singular: no pagar la deuda. Según algunos expertos esta alternativa es más probable de lo que piensa la mayoría de los gringos.
Y la quinta, la esencia del imperio: el saqueo. Roberto Freeman dice, “Cuando el reembolso de la deuda de una nación se hace tan importante que es imposible tranquilizar a los acreedores, ésta tiene que buscar alguna fuente de riqueza, sea cual sea”. Y ese sea cual sea tiene nombre y apellido: oro negro.
Hoy más que nunca, buscará Bush (y el que siga) justificar el intervencionismo en Irak y Afganistán por ese “terrorismo” que intenta destruir la paz mundial. Sandia analogía: EE.UU. le invierte su dinero al caballo guerra, que lidera todas las apuestas. Por una jugada astuta gana el caballo árabe, feo y macilento. Despreciado por casi todos los espectadores. Pierde su dinero en la carrera, pero, como saben todos los ambiciosos, siempre habrá otra oportunidad para recuperar y multiplicar lo que se invirtió. Porque en esta competencia, guerra, es Pura Sangre.
Y estos apostadores ya tienen más dinero para sus próximas carreras. El costo de la “guerra” se estimó en US$170 billones para el 2009. Sin embargo, el congreso norteamericano ha aprobado cerca de 700 billones de dólares en fondos suplementarios para operaciones en Irak y Afganistán. Más aberrante aún, un estudio del SIPRI (Stockholm Internacional Peace Research Institute) contempla en US$2.267 mil millones los costos de la “guerra” en Irak hasta el 2016. No se está buscando ninguna paz y no se lucha contra ningún terrorismo, como dicen las peroratas de Bush. Y temo que Barack Obama con toda su afabilidad elocutiva, no podrá sacar las tropas en el plazo que dijo.
Por último, en esta crisis actual hay una pieza del dominó que no ha caído, pero tambalea…El agiotaje puede provocar un cuadro misérrimo en años venideros. Los fondos de pensiones de todos los chilenos están invertidos en la Bolsa, acumulando actualmente más de 20 mil millones de dólares en pérdidas por el desplome de las acciones. Esos fondos que la Dictadura obligó a poner en las bacantes AFP a cada uno de los chilenos que quisiera tener una vejez semitranquila.
El Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, luce sereno por la “fortaleza” de la economía chilena. Esto debido a que las empresas que operan en territorio local, a pesar de la crisis, muestran utilidades. Enersis por ejemplo, registró un alza de 138% respecto al mismo período del año anterior. Pero, ¿cómo ocurre esto? Muy simple y lo lanzo con una estadística: en los últimos doce meses las tarifas de la luz han subido 40%. Conclúyese que las empresas no son las que sufren, sino los bolsillos del contribuyente. Entonces, es fortaleza de unos pocos ¿o no?

