Por Nayo, Chile
Por las venas de Chile fluye sangre fastuosa. El cobre es la segunda riqueza mineral estratégica y económicamente más importante del mundo después del petróleo. Un sólo país controla el 36% de la producción mundial, cuando la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), que une once naciones, produce cerca del 40% de oro negro total. Chile es número 12 en peor distribución de ingresos del planeta. Chile regala el cobre y sus líderes lo saben. Tanto como sus bolsillos.
Hasta los ’70, y luego de sesenta años, las empresas norteamericanas que explotaban el metal rojo usurparon desde Chile 10.800 millones de dólares. En casi 500 años de historia, el patrimonio nacional ascendía a 10.500 millones, esto es, lo creado en industrias, caminos, puertos, viviendas, escuelas, hospitales, comercios. Fue por esto que llegó la segunda independencia, cuando un 11 de julio de 1971, y en forma unánime, los parlamentarios aprobaron la nacionalización del mineral.
Para entender la magnitud de esta coyuntura, Chile es el 0,5% del territorio mundial, empero sus reservas de cobre abarcan el 40% del orbe y “No existe ningún país que tenga en su suelo tal concentración de riqueza natural tan esencial para la humanidad como es el cobre. La humanidad ya no puede vivir sin electricidad, y la electricidad no puede existir sin el cobre” (sic), dice Julián Alcayaga, Presidente del Comité de Defensa y Recuperación del Cobre. Entonces ¿por qué Chile sigue siendo subdesarrollado y uno de los países más desiguales del mundo?
En 1982 la Junta de Gobierno aprobó la Ley Orgánica Constitucional sobre Concesiones Mineras, cuyo autor intelectual fue José Piñera, entonces Ministro del Trabajo. Primo del seguramente próximo Presidente de Chile, que es además uno de los que más se ha enriquecido con la apertura indiscriminada del mercado. En fin, cada loco con su voto. Un año después se aprobó el nuevo Código de Minería, elaborado por Hernán Buchi. Ambos instrumentos legales permitían la obtención de nuevos yacimientos de cobre por el solo hecho de descubrirlos, mensurarlos e inscribirlos adecuadamente, formando la nueva figura legal de “concesión plena”.
El democristiano Radomiro Tomic (uno de los pocos rescatables del conglomerado, dicho sea), señaló que este trámite fue hecho en secreto, bajo la falacia (y único pretexto) de que el progreso científico y tecnológico llevaría al cobre a ser un metal sin valor, por lo que se debía apresurar la extracción y exportación de la mayor cantidad en el menor tiempo posible, siendo necesario ofrecer las máximas garantías y privilegios a la inversión extranjera. Esta licencia facultó al concesionario a hacer lo que quiera y cuando quiera por los temores existentes de que se agotase el mineral, no obstante, el cobre tiene un camino disímil al salitre, que produjo pérdidas a Chile cuando se pudo producir artificialmente, ya que casi todos los energéticos se convierten en energía eléctrica, la cual debe ser distribuida por conductos hechos del rojo metal.
Pero no fue en Dictadura cuando estos vampiros chuparían la sangre andina. Es en período “democrítico” (en Concertación) cuando se realiza el 85% de las inversiones extranjeras. Época que genera una sobreproducción mundial de cobre desde Chile, con una profunda y dilatada baja del precio. “En 1997 las empresas extranjeras controlaban el 4,5% (…) En 2006, controlan el 70%; ahora ya es el 71,5%. Ésta es una situación increíble. Chile ha aumentado su participación en el mercado mundial. En los documentos del Gobierno, del Ministerio y de Codelco se señala esto como un gran éxito”, dice el economista de CLACSO, Orlando Caputo. Gran triunfo señalan las arrogantes voces gubernamentales, porque Chile sube su participación en el mercado mundial de 13% en 1980, a 35% actualmente. Sin embargo, Codelco que había aumentado a 13,3% en 1990, baja gradualmente a 11% en 2006. Y las extranjeras que operan en Chile suben de 2,1% en el ’80 a 24,2 en 2006. ¿Cuál de las dos le da de comer al pueblo? No son precisamente los ricos desde otros lares.
Quizás muchos defensores de la libertad económica señalen que no ha bajado tanto la participación de Codelco y que la apertura para la inversión ajena es rentable porque permite nuevos TLC de “intercambio” con los colosos mundiales. Sin embargo, las cifras no mienten y no son subjetivas. El 2006, las empresas extranjeras obtuvieron utilidades por 20 mil millones de dólares, que es igual al 17,5% del PIB, igual al 75% del presupuesto del Estado y, más increíble aún, es igual a dos veces los presupuestos conjuntos para la Salud y Educación, dice el economista. Entonces qué papel es más honorable, los pingüinos (escolares) que salen a protestar por una mejor educación o los medios de comunicación que esconden esto a la gente.
Hace algunos años se habló de un “royalty” (que es derecho del Estado no tributo) cobrado a las empresas mineras privadas por parte del Fisco. Lo que no se contó masivamente es que los ínfimos 100 a 150 millones de dólares anuales que pagan, es casi 1/200 de lo que se llevan en utilidades en el mismo período. Entonces con las utilidades de un solo año pagan ¡200 años de explotación! En donde según la Constitución “El Estado tiene dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas”.
Dueños del Bien común
Derecha y Concertación unidos, jamás serán vencidos… Son tantos pillos que daría para más de un artículo. Pero vale apuntar que Carlos Ominami, actual senador y uno de los líderes de la izquierda en Dictadura, dijo que “se impuso establecer en el programa de la Concertación el criterio de que las leyes mineras de Pinochet no se modificarían, lo que permitía ahorrarse un conflicto interno con la derecha y externo, con gobiernos e inversionistas de países que nos interesaba tener a favor”.
Hasta el ’89 el grueso del cobre seguía en manos del Estado. En el ’91, ya en democracia, el Ministro de Minería Juan Hamilton, proponía no autorizar inversiones mineras que se limiten a exportar sólo cobre concentrado como lo hacía “La Escondida” (BHP Billiton), por la inconveniencia para el interés nacional y el impacto negativo sobre los precios de Codelco (Informe “La inversión extranjera y la exportación de concentrados” de Cochilco, 1991). A pesar de las advertencias, defendían sin ningún descaro la apertura de la minería el propio Subsecretario de Minería, Iván Valenzuela Rabi (de CESCO); el Ministro Secretario General de la Presidencia, Edgardo Boeninger (sólo busquen en senado.cl el currículum de directivas en mineras y otras privadas de este actual senador); el Ministro de Economía, Carlos Ominami; consejeros de Cochilco nombrados por Aylwin, entre otros. Léase el trabajo “El Cobre Chileno: los nuevos caminos a la usurpación”, del periodista Roberto Farías.
Carlos Ominami sabía que no le convenía debatir abiertamente sobre esto, tratándose del sueldo de Chile. Así que “Ordenó abrir un archivo secreto en el que ingresó el informe que elaboré para el Comité de Inversiones Extranjeras y en el que se archivó todo el debate en torno a las solicitudes de inversión que venían y que estaban destinadas a la minería”, explicó a Farías el reciente fallecido Juan Hamilton. Con Ominami a la cabeza y su ala socialista en puestos directivos de la minería, sólo en 1992 y 1993, se autorizaron casi 5.000 millones de dólares destinados al negocio minero.
En 1994 y ’95 la minera Mantos Blancos S.A., perdió 14 y 49 millones de dólares respectivamente (superior a las pérdidas en Codelco del inolvidable Juan Pablo Dávila). Esto sin salir en los medios y sin ser investigado por la Superintendencia de Valores y Seguros. Diego Hernández, presidente de la minera, en vez de ser despedido fue increíblemente erigido a la presidencia de la minera Collahuasi, empresa de mayor peso. Hoy es presidente de BHP metales básicos, que dirige todas las mineras BHP en América del Sur, entre ellas “La Escondida”. Pero esto tiene su lógica: “Estas pérdidas es una forma de traspasar utilidades al extranjero para no pagar impuestos en Chile, y por ello las transnacionales premian a sus directivos cuando generan pérdidas en el país, para no pagar impuestos a la renta, y esas pérdidas se transforman en utilidades de sus empresas relacionadas en el extranjero” apunta Julián Alcayaga en entrevista a defensadelcobre.cl.
Al final, estos son algunos ejemplos de lo oscuro que puede resultar el manejo de algo tan limpio como un recurso natural. Materia indispensable para la supervivencia de Chile, que el “erudito” Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, quiere privatizar por completo. Empresas que entregan por tonelada de cobre exportada 670 dólares al país, mientras que Codelco otorga 5.300 de los verdes. Es decir, ocho veces más. No hay que tener un doctorado en Harvard para sacar las cuentas más beneficiosas para los chilenos. Es hoy más que nunca necesario un movimiento por la recuperación del cobre, y no seguir siendo liderados por incompetentes que le entregan lo más preciado a quienes han destruido más de alguna vez el equilibrio nacional. Una perla final. En septiembre de 1983 decía el Washington Post: “It’s to good to be true (esto es demasiado bueno para ser cierto). Ni en los pobres estados africanos podrían perdurar leyes tan contrarias al interés nacional y al movimiento de la historia. No puede garantizar la primera de todas las exigencias: estabilidad. ¡No durarán en Chile! (empresas extranjeras). Más temprano que tarde el cobre volverá a ser chileno”. Se olvidaban los gringos que para estar en la lista de subdesarrollados hay que ser gobernados por subdesarrollados.

