Por Nayo, Chile
“Los cinco principales productores de armas son los que tienen a su cargo la paz del mundo… ¡así nos va!”, dice Eduardo Galeano. Pero el desglose de esta irónica sentencia muestra un presente aciago. La comparación entre producción y funcionamiento bélico frente a la miseria de algunos a nivel mundial, revela que el progreso tecnológico y la globalización supera a algunos cavernícolas que gobiernan el planeta.
Hace algunos días, el nefando George W. Bush dijo que fue un error creer que Irak tenía armas de destrucción masiva, como si hablara de un moco que se sacó aún en gestación. Pero su “amenaza de terrorismo” quizás es justificación para ocupar los 395 mil barriles de petróleo diarios en su complejo militar, que es lo mismo que utiliza Grecia en un día pero en todo el país (eso el 2004). Es que simplemente Estados Unidos es la mitad de los gastos bélicos en el mundo.
El gasto militar en el 2007 llegó a 847.500 millones de euros. Una cifra que escupe en la cara a los 963 millones de terrícolas que sobreviven desnutridos. La mayoría de dichos menganos habitan el Asia, en naciones como India, China, Pakistán, entre otras. Y como todos saben, y hoy más que nunca, el libre mercado arrasa dejando exangüe cada rincón. “En los países empobrecidos, las leyes del mercado imponen qué productos cultivar y a qué precio pueden venderse. Para que un producto agrícola de un país empobrecido pueda acceder a un mercado del Norte, deben pagar un 60% en aranceles”, cuenta Alberto Sierra, periodista español. ¡Chanfle!, el mismo porcentaje de subsidio que recibe un agricultor de un país desarrollado. Mil millones diarios se reparten en beneficios agrícolas en los países grandes. Y Jacques Diouf, Director General de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), señala: “La única solución duradera al hambre es conseguir que las comunidades rurales de los países más pobres prescindan de la ayuda alimentaria, incrementando su propia producción para lograr la autosuficiencia alimentaria primero y la comercialización de alimentos después”. Así de claro es.
Los cabrones mundiales, llámese los del G-8, cada cierto tiempo filantrópicamente discuten qué hacer con la plebe que supervive ante las fluctuaciones del volátil mercado. En un rato de la reunión, seguramente se acuerdan que el 84% de las exportaciones de armas en el globo las producen ellos. Y quizás, si la tertulia no acaba, recuerdan que un día de gasto militar en la tierra es seis veces el presupuesto anual de la FAO. Hace tres años, en el aniversario 60 de la organización, Hugo Chávez tiró la tétrica cifra que un año de gasto armamentista en gringolandia, 500.000 millones de dólares, financiaría a la FAO por 500 años.
Hoy a Obama le llueven deseos de todo el orbe. Prometió algunos, como sacar las tropas de Irak o bajar los niveles de contaminación. Ya que, entre los muchos logros que ostenta Estados Unidos, está el de ser el contaminador más grande del planeta, con más de 750.000 toneladas de tóxicos por año. Tantos talentos que proliferan sin caérseles la cara. Asimismo, disminuir la posesión de armas nucleares es primordial para el incierto futuro. En el mundo hay 26 mil armas de este tipo, y el 95% señoras y señores, las tienen EE.UU. y Rusia. Hegemonía ipso facto.
En 1968 se firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que sólo permitía la posesión de armas a Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia. Sólo ellos tenían armamento y sólo ellos eran y son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (“… así de mal nos va”). Antes de eso, el numerito de Nagasaki e Hiroshima, que extinguió 220.000 japoneses, dejó al orbe tiritón y al general gringo Dwight Eisenhower un poco melancólico: “Había estado consciente de sentirme deprimido, y así expresé [al Secretario de guerra Stimson] mis graves dudas, primero en mi creencia de que Japón ya estaba derrotado y que la bomba era totalmente innecesaria (…) Japón, en ese momento, buscaba una cierta forma de rendirse que salvara el honor nacional”. Tal vez se le pasó la penita cuando fue elegido presidente años después. Estados Unidos volvió a la carga tentando la paz nuclear con la guerra de Vietnam, donde liquidó varios millones de asiáticos y unos 58 mil connacionales en batalla, en lo que fue otra farsa más para su collage belicoso. Cuatro décadas más tarde los norteamericanos han reducido en casi la mitad el total de bombas nucleares, de 10 mil a 5.400, siendo un orgullo para la Administración Nacional de Seguridad Nuclear. Pírrico sabor para el mundo, porque las ojivas nucleares sacadas del arsenal sólo dejaron su categoría de disposición de combate. Entiéndase, de sitio de lanzamiento hoy habitan el sitio de almacenamiento. ¡Plop! Sigue EE.UU. con la capacidad de reventar la tierra en 15 minutos, y sigue negándose a ratificar el “Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares”.
Por acá las cosas no andan del todo bien. El Tratado de Tlalelolco, para la proscripción de armas nucleares en América Latina y el Caribe firmado en el ’69, tiene libre de armamento atómico a la región (33 países), siendo parte de un grupo de 113 países que no tiene este tipo de arsenal, asegura Sergio Duarte, representante de la secretaría general de las Naciones Unidas para el Desarme. Mas el hambre en Latinoamérica llega a 53 millones de individuos este año, ocho más que en el 2005. Aumentando (desde hace un año) en once millones los que no alcanzan a comprar la canasta básica, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
Sépase que sólo bastarían 25 mil millones dólares anuales para bajar a la mitad el hambre en 15 países de América Latina y África, antes del 2015, y evitar así una muerte segura a 900 mil niños. “En América Latina no faltan alimentos. Sobran. El tema es el acceso, pero con una política adecuada se puede afrontar con éxito”, dijo hace un tiempo José Graciano da Silva, vocero de la FAO en la región. Pero también aterrizó esa esperanza: “Si la crisis financiera se profundiza, los precios bajarán aún más y será un desincentivo para sembrar en el próximo año” por lo que “En 2010 vamos a cosechar una gran crisis de aumento de precios de los alimentos porque van a faltar alimentos”. Y así como están las cosas, donde los gobiernos rescatan la Banca inyectando cifras astronómicas que rebotan ante la codicia sempiterna de algunos, está difícil. Todos supieron de los 700 mil millones de dólares de salvataje gringo a sus instituciones financieras, que no sirvieron de nada. En simple matemática, serían 14 años sin hambre en aquellos 15 países, tal vez 700 años de financiamiento de la FAO, o quizás algunos programas acordes con intenciones un poco más humanas que rescatar y solventar la codicia del neoliberalismo que sólo entrega cifras nefastas y una destrucción sistemática del planeta.
Ya fue interpelado el nuevo Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a pesar que aún no asume. En noviembre pasado Jacques Diouf lo llamó a tomar el liderazgo porque es imperiosa la eliminación definitiva del hambre. Con 30 mil millones de dólares anuales se atenderían los 963 millones de famélicos. No obstante, el grado de extensión del hambre hace necesarios más de 60 años para lograr las metas de reducción a la mitad que la ONU se planteó para el 2015. Temporada que contará con 100 millones más de hambrientos.
Si las intenciones del líder afro son auténticas, exponencialmente se gastarían más que 60 mil millones de los verdes en ayuda para el desarrollo, provocando una indirecta proporción con los casi 900 mil millones que se ocupan en milicia. Evitando así, que mueran 25 mil por inanición diariamente, con un efecto humanitario que trasmine las conciencias de los poderosos en todos lados. Para esto, hace falta no sólo buena voluntad, sino que los imperios y sobre todo Estados Unidos no infrinjan las leyes a las cuales se suscribieron, apoyando nuclearmente por ejemplo a India o haciendo vista gorda a la armamentización de su socio Israel, países no suscritos al TNP. Calentando a rivales como Corea del Norte, que se retiró en el 2003 del Tratado; Irán que se enriquece de uranio para “fines pacíficos”; o Pakistán, rival de la India, que posee entre 30 y 50 cabezas nucleares de 15 kilotones, similares a las de Hiroshima. Según expertos no se descarta un enfrentamiento entre ambas naciones, cosa que no sería muy original sabiendo que desde 1947 ya van tres disputas. Esta madeja de egos y empoderamientos tardará más de cuatro años en desenredarse, por lo que no hay que esperar que Obama cambie la historia, pero un puñado de intentos sería valioso. Lo indispensable y urgente es la manifestación y potencia de anónimos emplazando a esos dirigentes que no dan cuenta que un arma menos es una vida digna más.

